Atalaya TNT en los fastos de coronación de Carlos III

Ustedes dirán; ¿qué ha tomado este? Y puedo explicarme. Si le concedemos a Shakespeare uno de los tronos del mejor teatro de todos los tiempos deberíamos de confiarle la posibilidad de que no sólo nos acercara con su ‘Ricardo III’ a una de las mejores obras de su autoría, tan entredicho (Marlowe mediante) con la intención de introducirnos en una de las mentes y conciencia más oscura que haya tenido la primera línea de la política histórica. Y yo digo, ¿no querría William criticar los excesos sangrientos de su casta real? ¿Podríamos concederle al dramaturgo cierto compromiso político?

Ayer AtalayaTNT vino a traer en su celebración de 40 años de existencia su más glorioso éxito, con algunos actores veteranos reclutados para tal efeméride en el Lope de Vega de Sevilla. La cosa salió de dulce. El teatro hasta la bandera un miércoles y una representación llena de brillantez actoral pese a la dificultad de atacar la primera tragedia del genio inglés, con unos textos abigarrados y transidos de dolor, rabia, venganza, odio y ponzoña. Cualidades que exigen al actor un estado casi febril en toda la obra.

Como sabéis es la historia de un auténtico psicópata que consiguió ser rey de Inglaterra eliminando a toda su familia prácticamente, con guerra civil de fondo y lucha de los York y los Lancaster, incluso asesinó a niños, que podían alejarle del trono. La tremenda biografía no guarda un momento para la dulzura. Todo fue escrito por Shakespeare para profundamente retratar una de las mentes más siniestras que ha dado la humanidad.

Si tenemos en cuenta que el teatro no es sólo una extensión de la realidad, en la que como actores nos vemos abocados a la vida, a su escenario (parafraseando a Shakespeare) resulta muy ingenuo que no veamos una intencionalidad de TNT-Atalaya y del propio William de poner sobre la mesa el hecho de la monarquía como institución corrupta per se. Y si esto ocurre en la resaca de la Coronación del Rey Carlos III, que todos sabemos que fue un rey al que se le achaca la muerte de su ex esposa, Lady Di, vemos que muy poco en la vida es peregrino, accidental o falto de sustancia y de sentencia. Y que es todo un acierto ver la crueldad que suele generar en el ser humano la ostentación del poder y traerla al caso para nuestra relfexión. ¿Pues no fue el pueblo quien lo coronó cuando ya se sabía de sus horripilantes muertes por encargos de padre, hermanos y todo pariente postulante?

Me preguntaba, y creo que es el gran éxito de cualquier exitosa representación como la de ayer, por qué aclamamos la coronación monárquica de un rey cuanto menos odioso como el actual de Inglaterra cuya línea hereditaria pretérita está repleta de asuntos oscurísimos, y la masa igualmente castiga al rey en la diáspora que es Juan Carlos I por casos menores (que no deben reducir la crítica, ni el cuestionamiento de la propia institución, por supuesto).

Resulta cuanto menos llamativo cómo la masa o el público asiste a una obra de teatro como la de ayer y queda suspendido en la abstracción de los hechos y no se le atisba reflexión alguna pues vuela a aplaudir todo lo que conlleva fastuosidad y tradicionalismo. Somos tan hombre-masa como nos advirtió la escuela de Franckfurt o el arte sólo nos sirve para evadirnos/disuadirnos como criticaron los neoclásicos de Luzan.

Dejando atrás esta crítica atípica, habría que destacar para ser justos la gran adaptación y las extraordinarias ganas y aciertos del elenco principal, de la escenografía, de los movimientos, de la música y del ritmo. Por momentos, Sevilla pareció ser un reguero de sangre que ni Fernando VII… Por todo ello, gracias al teatro, gracias William, gracias TNT-Atalaya. Y gracias al herrero del caballo de Ricardo III.

  • VALORACIÓN @castillodelingles ***** (sobre cinco)
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