46 Festival de Teatro de Almagro
Calificación *****

Llegar a Almagro para ver teatro significa mucho más que llegar a cualquier lugar de España para ver teatro. Por lo pronto uno tiene que cruzar los terrenos imaginarios de Don Quijote y ver aquella planicie árida como el escenario de un western medieval. Eso ya predispone a la magia. Además si uno es sorprendido por varias tormentas de verano a la llegada y a la salida uno descubre que Cervantes tenía buen ojo para elegir exteriores. Todo puede ocurrir donde nada parece que suceda. Los molinos de viento de ahora nos confirman que siguen sembrándose gigantes futuristas en esa Comala de queserías y viñedos. El suelo es propicio a la fantasía.
Disfrutar de un corral de comedias en verano es otro añadido del festival. Un espacio del siglo XVII que se mantiene intacto es ya de por sí una atracción extra. Un buceo en el barroco español que si uno mira las redes sociales tampoco parece que ande muy lejano. La Contrarreforma no podía ayer con la bandera multicolor en el balcón del Ayuntamiento. Era cosa de dejarse llevar muy poco para escuchar a San Juan y a Santa Teresa por boca de Lluis Omar y ver a un Brujo más circunspecto y ralentizado. Como salido de una moviola de las antiguas.
‘El templo vacío’ puso a Lluis Omar a cavilar más de la cuenta, ya que tuvo que reanudar en una ocasión la obra por la mencionada lluvia. Los efectos especiales que Dios regala a los humanos no siempre son bien entendidos y el público parecía impaciente en vez de propenso a vivir la intemperie con gozo de cuando el teatro iba incluso a antorchas, si se hacía de noche.
La producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se valió de una puesta en escena minimalista para un texto que le iba, pero uno siempre piensa si no son siempre los consabidos recortes en escenografía y derivados lo que deriva más en casi conferencias teatralizadas. Omar se encargó de contraponer a la contención su voz cavernosa, al servicio de Dios o la naturaleza, como diría el de la Matrona. Y sólo hubo que concentrarse para entrar en el rezo. El cuarteto vocal que se deshizo en ambrosía por Johan Sebastian Bach puso el aderezo. El rezo doble.
Entramos con Omar en una suerte de repaso a la justificación mística de algunos de nuestros clásicos y en esa inmersión de siglos, a modo de meditación yogui colectiva, apareció, cómo no, San Juan con su noche oscura para abrir boca, Santa Teresa, Miguel de Molinos, Ibn Arabi, Ramón Lluch y Jacint de Verdaguer. La invocación del silencio, el sonido improvisado de las campanas de una iglesia, la reflexión sobre el viaje interior, la predica sobre la asunción del dolor y la desgracias, el sacrificio de la paciencia, las confesiones del oficio de actor/persona, el anecdotario medieval…
Todo ello surtió efecto sobre el respetable, que marchó hipnotizado a sus aposentos consciente de haber encontrado a Dios en el camino de Don Quijote, en los relámpagos del cielo, en la voz del vate, en el agua caída para recordarnos que en la más extrema sequía, la naturaleza sigue empujándonos a la mística del amor. El único sentimiento posible que alumbra tanto como el rayo en la tormenta.
Ficha artística-técnica
De
Ibn Arabi (Abenarabi de Murcia), Ramón Llull, Jacint Verdaguer, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús
Dramaturgia
Brenda Escobedo
Dirección
Brenda Escobedo y Lluís Homar
Música
Corales, J. S. Bach
Dirección musical
Xavier Albertí
Asesor de palabra
Vicente Fuentes
Iluminación
Pedro Yagüe
Ayudante de dirección
Yolanda de la Hoz
Fotografías
Sergio Parra
Agradecimientos
Ramón Andrés
Reparto
Lluís Homar con el cuarteto vocal compuesto por Manon Chauvin,Lluís Frigola, Simón Millán y Clara Serrano.
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