Caso abierto: ‘La violación de Lucrecia’

Foto/fuente: JM Serrano/ABC Sevilla.

‘La violación de Lucrecia’ sigue siendo un caso abierto dos mil quinientos años después. Ayer la actriz Lorena Ávila se encargó de actualizar en la Torre de Don Fadrique de Sevilla el no tan conocido poema de William Shakespeare. Al que por momentos sumó fragmentos de casos actualizados, de violaciones, y de reflexiones alrededor de los mismos. El dolor sigue siendo un hilo que une a generaciones de mujeres que han sido violadas, abusadas por el poder y silenciadas con amenazas. Su eco no decae.

En un marco incomparable, como suele decirse ñoñamente en estos casos, a los pies de una torre donde la leyenda habla de los amoríos prohibidos de una reina viuda y su hijastro en tiempos de Alfonso X, se desarrolló la obra de teatro con un público pintado y una noche que regalaba también efectos especiales como la luna en cuarto creciente asomada entre los naranjos. Se iba a contar la famosa historia del abuso sexual entre el infante Tarquinio y la noble Lucrecia, que estaba enamorada del soldado Colatino y que como podéis imaginar y es conocido acaba suicidándose, reclamando venganza a su marido y sus soldados. Esta se consumará de alguna manera en aras del pueblo de Roma que echó por ello, y quizá por más, a la última dinastía de reyes romanos para dar pie a la etapa de la República. Hechos que tienen algo que ver con Fuenteovejuna de Lope.

En este caso, el mérito de la obra estaba en traer la fuerza poética de Shakespeare a nuestros días y ver la radical actualidad de hechos sucedidos tanto tiempo ha, con episodios y comportamientos que repiten escenas tan clónicas. Tiene un mérito descomunal la capacidad demostrada por única actriz y protagonista para saltar de un tiempo a esta parte consiguiendo que no se corte el encantamiento teatral y ejecutando pasajes con tan alto poder dramático para pasar a planos reflexivos en otro tono en un segundo.

Quizá la obra, dirigida y escrita por Alfonso Zurro, chirríe un poco en cuestiones relaciones con las variedades diafásicas del lenguaje para dar esos saltos en el tiempo. O en que resulta un poco controvertido discutir a Shakespeare en el grado de condena de los hechos, siendo muy fácil hacerlo desde los dosmiles mientras el bardo inglés lo hacía desde la pacata y cerril sociedad del siglo XVII donde la nobleza acarreaba todavía abusos de este tipo en cualquier casa y que al fin y al cabo muchos de ellos eran mecenas de dramaturgos como él. Suena a algo oportunista este revisionismo histórico sobre alguien que seguro obedecía al patriarcado reinante pero que también tuvo el arrojo feminista de denunciar las violaciones de mujeres con abuso de poder, en esos tiempos. No se nos puede olvidar.

Al margen de ello, la intención y la plasmación general del texto y sus movimientos es muy plausible al conseguir una puesta en escena efectista apoyada en pocos elementos y con un videomontaje que resulta fascinante con la Torre de fondo de escenario donde se proyectan imágenes que apoyan el suceso, como el genial cuadro de Tiziano. En resumen, una cita teatral de primer orden muy recomendable y en el que brilla especialmente la interpretación de Lorena Ávila.

Calificación: **** (sobre cinco)

Compañía Teatro Clásico de Sevilla.

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