03 Mar Israel Galván y la llegada de la lluvia
Foto: JEAN LOUIS DUZERT
Texto: Francis Mármol
Igor Stravinsky resonaba en los cristales del Teatro Central mientras los primeros tambores del final del Carnaval anunciaban un sacrificio pagano histórico ya en la Ciudad del Betis; la posible crucifixión de Israel Galván por una turba de flamencólicos. Una vieja costumbre que ya ha caído en desuso por el irremediable triunfo de la primavera año a año. «Pérdónalos señor porque no saben lo que hacen», en forma de silencio eterno del propio interpelado o de aplauso infinito como el vivido anoche en la orilla de su Rubicón particular. Su piedra de choque.
Sobre la superficie trémola del río llovía muy quedamente y a lo lejos esa lluvia apagaba el sonido de los cláxones de los tractores. No por ello, la primavera ha apagado todavía la masacre de Gaza y del 8 de octubre. Ni se ha vuelto papel mojado todavía el cobro de obscenas comisiones, ni la ceremonia del pelotazo tan arraigados en nuestro folclore. El mundo sigue siendo El eterno retorno. Y ‘La consagración de la primavera’ -título de su nuevo espectáculo- vino a recordarnos que se sacan cristos a la calle para que llueva, porque antes hubo otros sacrificios paganos como los que señaló Stravinsky en esta obra.
Israel Galván nos recordó que el baile se alimenta de esfuerzo, trabajo y genialidad, más o menos hallada. En este caso, el bailarín más flamenco de Europa, al que ya deberíamos dedicarle una entrada en el Villamarín, nos confirmó que sigue siendo la mejor carta de presentación del nuevo flamenco en los teatros del mundo.
Desde su lenguaje contemporáneo habló de tú a Stravinsky y Nijinsky, consciente de que la tradición popular era el magma de aquellos postrománticos que vieron en Escudero y Picasso, dos compinches para las locuras de Diaguilev. Israel Galván lo único que tuvo que hacer es traernos la consagración, o la deflagración de la primavera, en forma de escenas reconocibles actuales, como la de mujer que muere en su cotidianeidad hinchando colchonetas de otros (bailó sobre una de ellas), el futbolista que patea su vida como nuevo gladiador al que devorarán las masas (hay lateral izquierdo para La Palmera), al cura que sobrevive en un tiempo ajeno, como el acróbata de circo al que no pagan, al Frankquestein que se llama Sánchez, la cabaretera que sonríe por no llorar o el torero que se entrega a la superstición en un ejercicio mecánico de oles (con la montera siempre boca arriba).
Un maravilloso catálogo de anti o héroes a punto de ser sacrificados que Galván baila como con una capa de Superman o una falda enorme de Juana de Arco a punto de ser quemada. Todo esto nos hizo imaginar con sus pies primorosos que sacaron sonidos a mil superficies como las que hoy podemos encontrarnos en cualquier momento del día y que hablan de nosotros. De lo complejo que es este tiempo de comodidades y visitas a Marte y de consultas de psicólogos llenas. Porque somos el ruido que conforman nuestros pasos. Esa era la otra alegoría.
Y en ese ejercicio poético, e increíblemente atlético perfecto, acompañado de la arritmia provocada de dos pianos formidables, él fue explicando, con sus picassianas maneras y sus manos carretianas, que el mundo que nos ha tocado vivir está devorando el antiguo. Como siempre. Con ese afán loco de tener el beneplácito de los dioses en forma de lluvia para que florezcan los campos y se apague el fuego destructor.
‘La consagración de la primavera’. Israel Galván
Teatro Central: Avda. José de Gálvez. Isla de la Cartuja.
Día: 2 de marzo
Hora: 21,00.
Aforo: Lleno.
Dirección artística y coreografía: Israel Galván Con: Israel Galván (Danza) ,Daria van den Bercken, Gerard Bouwhuis (piano) Música: Igor Stravinski, Domenico Scarlatti y Frederic Rzewski Teatro Central: Día 1 de marzo de 2024 Estreno en España.
CALIFICACIÓN *****
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