15 Jun Pedro Ricardo (siempre) ‘Niño’ ¿No es Sevilla un piano?
Quizá el instrumento que más diga de Sevilla junto con la guitarra sea el piano. La elegancia sinuosa y cimbreante de la ciudad que abraza como en un tango a su río vertebral es lo más parecido a la farruca dedicada a Gades con la que Pedro Ricardo Miño comenzó otro Jueves Flamencos de Cajasol para el recuerdo. Estaría El Lombo, siempre presente en las buenas citas que programa soñando, como meterle voz a ese pastelito que tantos aromas nos trae de la Carrera de Indias y de la Rambla barcelonesa con el genial bailaor deslizándose gallardo sobre la madrugada de Los Tarantos.
Estaba de nuevo la cajita de bombones de Entre Cárceles dispuesta a sumergirse en un sueño cervantino con las melodías de este compositor que tiene la enorme facultad de saberse el aire de azahar local, de ser romántico también al final de la primavera y transformarlo en notas musicales preciosistas. Si fuera Literatura sería el Modernismo. El más clásico de los pianistas flamencos como dice un buen crítico pero la sempiterna sensación de frescura y forma manierista de Pedro Ricardo ‘Niño’, de escribir en silvas y prendido de retrúecanos gongorinos.
Con su eterna cara de joven, pero medio mundo sellado en su pasaporte, supo rodearse bien de una israelí al contrabajo, Gal Maestro, que ofreció la paz de sus manos tras un aplauso de cariño de la audiencia y le puso tierra a sus aéreas composiciones, tan volátiles como insistentes son las golondrinas de su paisano Bécquer. Se podía llorar sin miedo a sorprender al compañero de butaca cuando tocó por seguiriyas en sus Soníos negros.
Qué sensación más bonita para el que escribe de vivir en su tema Calle Larios y sentir la brisa que corta La Equitativa, la otra Giralda moruna y pastiche andaluza, que vigiló en la distancia la hermosa malagueña que nos internó en las tierras de la uva moscatel y el apartamento turístico. Qué genialidad, Niño.
Y por los mismos caminos de la sorpresa esperada y de la tarde a la vera de los naranjos de cualquier plaza escondida de Serva la Bari sus dos horas dieron para una soleá introvertida, unos tientos tangos, unas alegrías, un Camino de vuelta por fandangos o terminar por aires jerezanos con la inestimable colaboración de las palmas de Adrián Domínguez y Manuel Barba y la percusión siempre milimétrica de Paco Vega.
El viaje fue completo por medio mundo flamenco y se saboreó por largo rato gran parte del sabor de un antiguo tiempo perdido, que es el vestido invisible que envuelve a la ciudad, desde el tiempo inconcreto de su esplendor decrépito. Pedro Ricardo Miño tiene en la música la poesía que buscaba Valle Inclán o Mallarmé.
Foto: Remedios Malvárez.
Calificación: ****
Piano: Pedro Ricardo Miño. Contrabajo: Gal Maestro. Percusión: Paco Vega. Palmas: Manuel Barba y Adrián Domínguez.
Lugar: Sala de Conciertos de Cajasol. C/Chicarreros, Sevilla. 20:30 horas.
Aforo: Casi lleno.
Mary Bendahan Israel
Publicado en 18:26h, 15 junioExtraordinario!!!!
Francis Mármol
Publicado en 12:39h, 18 junioMuchas gracias, Miriam.