El fuego de Goya: la llama encendida de la colección Abelló

Los cuadros de nombres internacionales se agolpan en el Palacio del Obispo de Málaga este verano de 2024. En un recorrido no muy extenso conviven los genios más importantes de la pintura occidental gracias a la exposición que la Fundación Unicaja a través de la Colección Abelló ha hecho llegar a la ciudad. Se trata de una de las acumulaciones de arte más impresionantes que haya exhibido la capital de la Costa del Sol en los últimos tiempos y en su título ya caben dos acontecimientos extraordinarios ‘De Rafael a Bacon’. Ahí es nada.

Pude visitar la muestra hace varias semanas. Y aunque había demasiado público quedé fascinado porque no era cosa de nombres correlativos sin importancia en la calidad de sus lienzos sino que se encuentran verdaderas joyas de la pintura. Pintura, pintura que dirían los críticos entendidos en esto. Después de un repaso somero a la primera planta donde se acumulan las principales obras quedé emplazándome a una segunda visita para degustar mejor lo digerido.

La cosa es que si tengo que enumerar nombres yo también me quedo con la obra de Bacon o Rafael pero también con la de Picasso, el Greco, Manet, Cezzane o mi favorito de siempre José de Ribera. Todos ellos están muy bien representados aunque haberlos haylos de poca relevancia o anecdóticos dentro de su producción como en el caso del símbolo del dolar de Warhol. La cosa es que no sé muy bien por qué después de esa borrachera de talentosos pintores la que me quedó más grabada es ‘El incendio (Fuego de noche)’ de Francisco de Goya. Y días después de haber visitado esta exposición su fuerte dramatismo seguía siendo la imagen más indeleble en mi cabeza.

Teniendo un verano de temperaturas tan altas, ese incendio como los de la tele se mantienen muy vivos en nuestro imaginario. Igual que sus impresionantes consecuencias. El agitado grupo de personas que aparece despavorido en este lienzo -que no es muy grande en dimensiones- representa a algunos individuos que huyen y a otros que cargan con las víctimas desvanecidas en medio de una gran zozobra que a mí me recordó la Balsa de la Medusa de Gericault, que hay que recordar que el pintor francés terminó en 1819. Y que bien pudiera ser una especie de referencia para este, ya que el cuadro del que yo hablo es previo.

La perspectiva de la luz anaranjada vertical y el humo que lo engulle todo son brutales en la transmisión del agobio y la tragedia. Y aunque la escena no reconoce un hecho concreto, ni los estudios más generales así lo señalan (tampoco el catálogo de la exposición) y se ha conjeturado mucho sobre ello, me inclino por dos simples pistas a pensar que el maño representa una escena que pudo presenciar; concretamente uno de los peores incendios en la historia de Madrid.

El hecho de este Incendio podría ser el ocurrido el 16 de agosto de 1790 en el Arco de Cuchilleros con la Plaza de España en la capital. Un incendio que duró nueve días activo y necesitó el auxilio de mil ‘sofocadores’. Uno de los peores en la historia de la ciudad que calcinó gran parte de esta zona de Madrid. Una tercera parte de la plaza. Se dice que Carlos IV puso un millón de reales para los afectados y algunas fuentes que este mismo rey fue el que realizó el encargo de este cuadro a Goya.

Y esto, aunque no lo sitúa en el centro de su gran producción, sí que debería revitalizar la importancia de su pintura en simbiosis con su época, donde la literatura de Fray Benito Jerónimo Feijoo o la de Jovellanos estaban girando hacia la necesidad de fijarse en la vulnerabilidad social de algunos ciudadanos. Hay que recordar que diez años después el genio de Fuendetodos plasmaría los hechos madrileños del 2 de mayo. Y este incendio viene a ser una muestra más de que Goya se convirtió con sus imágenes icónicas en el mejor cronista de la capital de España. Mucho antes de que naciera el realismo o Galdós.

El cuadro lo pintaría en Cádiz, dos o tres años después del incendio de Madrid, donde el espíritu de La Pepa estaría muy reciente y alimentando ese carácter periodístico de Goya y su atormentada cabeza que ya comenzaba a vivir su particular suplicio al perder la audición y verse rodeado por sus monstruos y sus otros desastres. ‘El incendio. Fuego de noche’ no es cualquier cuadro. De hecho si se incendiara como este agosto peninsular el Palacio Episcopal yo sería el primero que salvaría. Vayan a ver esta exposición. No tiene desperdicio. Yo quiero repetir, pero aviso solo hasta el 18 de agosto.

Más información en https://www.fundacionunicaja.com/event/exposicion-de-rafael-a-bacon-obras-maestras-de-la-coleccion-abello/

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