Petrarca, el hombre de las mil caras

El prestigioso filólogo catalán Francisco Rico presenta cuatro luminosos ensayos en un solo volumen sobre una de las biografías más fascinantes de la historia de la literatura.

*Esta crítica fue publicada por Francis Mármol el 25 de febrero de 2024 en La Opinión de Málaga.

De Francisco a Francesco. El famoso poeta arretino ya tiene un retrato hecho en profundidad por su tocayo ibérico a medida de su poliédrica y, por muchos momentos, misteriosa existencia en ese territorio germinal de la neocivilización europea, que abraza la Italia septentrional y la Provenza francesa de fines del medievo.

El libro que ahora compendia cuatro de los trabajos más detallados y exhaustivos sobre la figura del diplomático, erudito, filólogo y poeta más influyente del Renacimiento europeo acerca también la historia de una fascinación personal entre el muy consultado historiador actual de literatura del Siglo de Oro y la Edad Media, Francisco Rico, y el hombre que colocó a Laura en el centro de la poesía más influyente de su época, gracias a su Cancionero. El hombre de las mil caras como diplomático, clérigo in absentia, asesor jurídico, filólogo, biógrafo, bibliófilo y también escritor.

‘Petrarca’, que así se llama sencillamente este compendio de sabiduría y buceo a pulmón por bibliotecas de medio mundo, nos acerca una figura que ha estado siempre rodeada de demasiada información tendenciosa, favorecida sobre todo por el propio dibujo grandilocuente del biografiado, que era su mejor valedor. El que ahora la pondera y también proyecta luz sobre sombras es no en vano; Premio De Sanctis por I venerdi del Petrarca o Doctor Honoris Causa por la Universidad de Bolonia. Conoce los terrenos por donde pisa.

El libro ahora editado por Arpa aglutina textos no publicados anteriormente que nos dibujan a un personaje inmiscuido, desde sus primeras horas de vida, en la confabuladora y sangrienta Italia del ascenso de una burguesía incipiente y la decadencia de una aristocracia y sueño imperial que nunca retornará, pese al idealismo de Petrarca.

El primer ensayo que se encuentra el lector comienza arrojando algunas dudas sobre la fecha de su nacimiento en Arrezo, un no tan preciso día de fines de julio de 1304, y nos muestra la marca que nunca le abandonará del destierro hacia Francia. Su padre tendría que abandonar su Florencia de origen por su posición favorable a los güelfos blancos de Dante y de ahí la lección aprendida sobre las consecuencias impredecibles del tomar partido.

Desde Carpentras, en la Francia provenzal, comenzará a darle más sitio a los libros de literatura que a los notariales de casa. Su voracidad lectora le lleva a alternar desde muy pronto a Cicerón, Séneca o los padres de la iglesia, San Agustín preferiblemente. Está fabricándose el intelectual, uno de los pensadores más interesantes del humanismo europeo porque el gran mullidor de conspiraciones geopolíticas tiene que ver con el superviviente, algo que ya traía en los genes.

Nunca va a terminar sus estudios de leyes. Perderá a sus padres no muy tarde y se dejará llevar por una juventud disoluta en Bolonia (normal). Practicando ya poemas amorosos en lengua vulgar. Y será el 6 de abril de 1327, un Viernes Santo, según la leyenda, cuando ve en la iglesia de Santa Clara de Avignon a Laura, el motivo de sus influyentes sonetos y eje central del Canzionere. Le llevará 20 años pensar en reunir aquellos versos en forma de novela, a la muerte de su musa. Y de ahí su alargada influencia sobre neoclásicos de todas las latitudes y épocas, Garcilaso, entre otros, a a la cabeza, que copiarán el espíritu de sus versos, el equilibrio de sus ideas, el orden de sus poemarios. Pero Francesco no podía quedarse en solo un poeta.

Todo esto, lo va hilando Rico con una prosa ligera y a la vez colmada de detalles y datos, referencias bibliográficas y citas, muchas en latín, gracias también a lo que él mismo destaca como el olfato de posteridad que siempre tuvo Petrarca y al rastro de cada movimiento en sus cartas, sus escritos Familiares o sus Seniles. También sabemos que la caída de su patrimonio familiar la salvó su regreso a Avignon y su cercanía a la por entonces sede del papado y los Colonna. El cardenal Giovanni, de este clan, lo acogerá como un hijo. Luego acabará yéndose… Aquella Italia y sus cercanías era un nudo de conspiraciones y había que tener mucha rapidez en la escapada y versatilidad en la protección de los señores de la guerra.

En lo íntimo y creativo, no siempre será Vaucluse, su refugio espiritual en la Francia arcádica y de escritos preñados de locus amoenus, sino que también Milán, Padua, Venecia se encontrarán en sus baqueteadas alforjas y señalarán sus filiaciones más personales, a las ordenes de familias como los Visconti. Esas idas y venidas lo colocarán como extraordinario mediador de guerras entre Venecia y Génova, loando a papas y reyes en París, Nápoles o en Roma, donde siempre quiso ver instalado al papado y solo lo consiguió disfrutar provisionalmente. También se abordará los estragos en su entorno de la epidemia de peste, o su coronación laureada en Roma por el Senado como otros extremos de su gloria e infiernos personales.

El libro también se saborea por su investigación profunda en fuentes de inspiración, formación y filias bibliográficas de Petrarca. Así de filólogo a filólogo, de Francesco a Francisco, también se conoce que el poeta gustó de comprar libros, de recomponer biografías y escritos de historia, (Tito Livio, Escipión). Que fue vanidoso en eso de la fama adquirida y en reconocerse como gran escritor, dialogando con los clásicos de tú. Que siempre cuidó su imagen pública, cual protoinfluencer de su época, que fue el primer promotor de la Biblioteca de San Marcos en Venecia con sus propios fondos, que tuvo un hijo que le dio mala vida, y una hija que lo cuidó.

Que en suma y en resumen, el hombre de las mil caras y mil vicisitudes biográficas consiguió escapar brillantemente de todas y dejarnos en herencia el eslabón necesario entre el mundo medieval y un tiempo que consiguió salvar a los grandes clásicos grecolatinos junto a un nuevo concepto de cristianismo más conciliador en consecuencia de un nuevo tiempo. Petrarca nos recuerda las mil caras de un hombre de leyes que supo hacer de su vida un poema equilibrado y misterioso a la vez.

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