Extremadura se queda sin oles

Un Guadiana mermado de facultades, algún ramalazo de Juanfran Carrasco y el sonido añejo de Alejandro Vega no son suficientes para contentar a un público que salió algo aburrido del concierto. Sólo la guitarra de Miguel Vargas está a la altura de un evento propio de la Bienal sevillana.

Calificación: **

‘Vengo de mi Extremadura’. Bienal de Flamenco de Sevilla. 19.9.2024

La Bienal de Flamenco de Sevilla puede contar ya un pinchazo y tampoco debe ser un drama. La noche del jueves 19 de septiembre de 2024 puede recordarse por ser una en las que el espectáculo quedó más deslucido y en el que los oles no surgieron con la animosidad que se espera en la orilla trianera del Guadalquivir. La velada contaba con el marchamo de ser un homenaje a los cantes extremeños y flaco favor se le hizo por una monotonía evidente que acabó aburriendo al respetable. Solo la guitarra compañera de Miguel Vargas merece el halago unánime porque sonó a gloria.

La cosa es que teniendo en cuenta que Antonio Suárez ‘Guadiana‘ ha sido uno de los grandes cantaores gitanos en las últimas décadas en nuestro país, anoche se presentó con las facultades mermadas y una evidente incapacidad para darle forma a unos cantes que siempre acunó con maestría. Si bien fue valiente al comenzar por cantes mineros más rápido se le vio que de otra forma que su garganta no estaba para florituras (quizá haber empezado por algo más liviano le hubiera llevado a calentar más). Luego se encaminó por seguiriyas, nada más y nada menos, que en la misma línea quedaron desdibujadas. Por tangos extremeños la cosa mejoró, con más arrope instrumental y quizá simplemente con haber sido mejor aconsejado la secuencia hubiera sido distinta en el global.

Y aquí me gustaría reflexionar que hay dos cosas evitables tras lo visto anoche: si un cantaor no anda bien el mejor pago es sustituirlo hasta que mejore o no quemarlo en solitario. Cuestión de dirección. Y que a los flamencos de esta Vietnam de los nombres quizá también les viene bien un director teatral o escénico o un guionista que sepa mostrarle salidas-entradas acordes a un espectáculo, no a un festival de pueblo, así como darle sentido a lo expuesto de forma que la dramaturgia tenga sentido y no sea un pegote. La variedad de cantes solo fue destacable por dos detalles, luego todo quedó en el repetitivo ritmo fiestero.

Tras esta decepción vino Juanfran Carrrasco que siendo un cantaor emocionante lo fía todo al ramalazo de inspiración o de genio sobre el escenario y eso puede transfigurarse en una noche de fiesta pero sobre un escenario hay que tener contundencia, sobriedad, equilibrio, variedad, buenas letras y todavía le queda en esta materia. Son impresionantes sus giros melódicos, su voz de jilguero de la madrugada y sus arrestos para empezar con una malagueña personalísima que la llenó de subidas y bajadas en un ejercicio de exhibicionismo plausible. La sonrisa con la que disfruta del cante es contagiosa. Por soleá por bulerías y jaleos extremeños demostró su soniquete. Pero ahí quedó.

Después actuó Alejandro Vega que insistió en tangos y sonidos de Extremadura, con ese toque de flamenco viejo con bastón en mano. Meritorio. Pero ya sonaba todo a insistencia. La casi parte final del bolo consistió en una ronda común por fandangos entre Guadiana y Juanfran que terminó en fiesta por bulerías y unos invitados inesperados en escena; El Marsellés, con su graciosa pataíta, Rubio de Pruna (el de mejor voz de la noche y el que cantó menos) y La Kaíta que quiso adueñarse de algún duende que anduviera suelto pero se despeñó en un quiero y no puedo. Tampoco ayuda la humedad de la medianoche casi con los pies metidos en el Gualdalquivir para gargantas y instrumentos de cuerda, que se destemplan.

Para ser justos, hay que valorar la intención de mostrar lugares impresionantes del postaleo sevillano pero sobre lo que rodea al escenario del Muelle de los Camarones habría que decir que es impropio un tablao pelao y mondao en un evento de 2,2 millones de euros, sin unos camerinos para los artistas -a la vista de todo el mundo-. Que el envoltorio es brutal, no lo puede negar nadie, con la Torre del Oro enfrente y la Maestranza de testigos, pero que el cante se pierde en un no auditorio, que tiene mala visibilidad en la parte de atrás e incluso pierde fuerza el cante y los instrumentos en algo tan abierto es obvio.

Para también decir, por último, que con veinte o treinta acomodadores o personal de sala trabajando para esta Bienal (¿excesivo?), debería tenerse en cuenta que cuando la gente va al servicio se procurase que volvieran a sus asientos en los aplausos, no en cualquier momento. Hay que educar también a los públicos y más si se quiere estar concentrados en el cante como lo quería anoche en decimoquinta fila la Duquesa de Alba.

Ah, ¿y no es un poco tarde para un currante las 23 horas de un jueves?

Calificación: **

Ficha Artística

Miguel Vargas – Guitarra y dirección musical

Juan Vargas – Guitarra

Guadiana – Cante

Juanfran Carrasco – Cante

Alejandro Vega – Cante

El Peregrino – Baile

Daniel Suárez – Percusión

José Jiménez – Bajo

Sergio García – Dirección Escenográfica y ejecutiva

Sergio García Producciones – Producción, Distribución e idea original

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