El Pele, más grande que el Alcázar

Calificación: ***

Foto: Laura León/Guía Flama

Texto: Francis Mármol

Viernes 20 de septiembre de 2024 – Real Alcázar. 21.30 horas.

Bienal de Flamenco de Sevilla 2024.

El Alcázar de Sevilla tiene frontispicios que parecen salidos de cualquier palacio de Las Mil y una Noches y puedo decir con la seguridad de una de sus columnas que la garganta de Manuel Moreno Maya consiguió que calibrasemos, en un nuevo encuentro flamenco de la Bienal, que un canto de su boca no es menos bello que cualquier piedra labrada eterna.

Por instantes el ‘sthendalazo’ fue hasta doloroso. Cantó con singularidad por malagueñas en el comienzo de su recital pero pronto se internó en el proceloso mundo de la soleá del que es sensei, dueño de las esencias y gurú de un pueblo que sigue manejando la magia de la inspiración en algunas voces. El público, que llenaba uno de sus patios -y sufriente casi ascético sobre las ya famosas sillas de tijera de madera de la Bienal, ¿se trata de algún tradicionalismo absurdo de esos que adopta Sevilla como sagrados?- se quedó en un silencio de siglos y dejó que junto a Niño Seve nos transportaran a algún lugar del pasado donde pudiera ser el canto en descenso de algún minarete y fundirse en la queja de un rey no correspondido en el amor.

La seguiriya prolongó el pelliscazo y a esa hora ya besábamos la entrada como un souvenir que guardar bajo la llave del recuerdo.

Antes había estado Miguel Ángel Rodríguez, virtuosísimo a la guitarra y después un Antonio Canales en búsqueda de las esencias del pasado, a bordo de un cuerpo que ya parece que no le acompaña en algunas intenciones y que besó la gloria cuando desde la grada, el propio Pele quiso sumarse a su baile, otra vez por soleá. Compañerismo de los de antes. La cosa, de inspiración o quizá preparada unos minutos antes, se reprodujo como instantánea y Canales le respondió con la belleza de un pájaro que descubre el vuelo en la noche. Fue el momento mágico de la Vietnam.

Con eso ya teníamos bastante y en silencio, como habíamos presenciado la epifanía, nos trasladamos al paseo de Murillo para seguir corroborando que Sevilla había sido testigo, una noche más, de que el arte tiene el gusto de pasearse por sus rincones con cierto capricho pero más regularmente en algunos cuerpos tocados por un manto de divinidad.

Ficha Artística


El Pele, cante

Niño Seve, guitarra

Emilio Martín, violín

Eduardo Gómez, palmas 

José Moreno, palmas

Antonio Canales, baile

David de Arahal, guitarra

David El Galli, cante

Manuel de la Tomasa, cante

José Carrasco, percusión

José Antonio Rodríguez, guitarra.

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