Foto de Paco Urri.

La salvaje condición de artista de Nieves Rosales

Teatro de la Fundición de Sevilla. 18 de octubre de 2024. ‘Salvaje’ de Nieves Rosales.

Calificación: ****

Foto de Paco Urri.

Texto de Francis Mármol.

Han pasado algunas décadas desde que a las artistas se les considerara literalmente locas, o literalmente prostitutas. La historia de este país y el de sus vecinos de continente no es tan voluble para que a mentes y cuerpos con afán de memoria se les olvide. Es el caso de Nieves Rosales, que actúa como piensa y siente en una labor reivindicativa que ya de inicio gusta por lo valiente y comprometida.

Anteanoche en el Teatro de la Fundición de Sevilla, la malagueña vino a reivindicar su menuda figura de bailarina y bailaora mediterránea con otro de sus espectáculos sensibles y poéticos de los que se ha acostumbrado a bordar. El título elegido para el mismo es el de ‘Salvaje’ y llegaba en un año en que ha vuelto a recoger laureles por su buen hacer en la danza contemporánea con otro Lorca a la Mejor Intérprete 2024.

Rosales en esta ocasión no lleva a Pessoa como bandera, como aquel que conseguí disfrutar en el Teatro Cervantes de Málaga, ni se deja llevar por los cantes de Vicente Soto Sordera, en este. La música de Daniel BlackSmith conversa con su danza de igual a igual y nada tiene que envidiar su electrónica a la mejor seguiriya. Es uno de los grandes aciertos de ‘Salvaje’ donde en apenas 50 minutos nos devuelve la desesperación, la incomprensión, el ansia, la bravura, la pena y el dolor de una artista consignada en un psiquiátrico, simplemente por el hecho de ser artista, de vivir sola, de ser diferente. Así ocurría y de alguna manera así sigue gravitando en el espíritu/moral peyorativa hacia el/la artista en el fondo de muchas cabezas que forman parte de nuestra sociedad hoy.

La bailarina en el transcurso de este nuevo proyecto se desgarra el alma, y casi sus extremidades, en un alegato a favor de la locura del artista. Mal llamada locura pues no es más que curiosidad por la cara oculta de la luna, por esa verdad de la existencia humana que es una quimera pero que puede sacarte una lágrima redentora y servirte de catarsis o simplemente de compañía en tus soledades o tus preguntas.

Una reflexión sobre la denostación política, y hasta de lo heteropatriarcal, del arte no viene mal en estos tiempos procelosos en los que nos hallamos, en los que resuenan campas de macabro eco. La danza contemporánea es el camino. Rosales lo pisa con la plasticidad de su cuerpo y sus magnéticas manos que tapan miradas y bocas y se retuercen de dolor en escorzos imposibles, de piernas dislocadas, cuando no hayan la comprensión del público, de la sociedad.

¿De qué me acusan? se pregunta y pregunta la internada a la que representa. Y sin duda la respuesta está en el aire como diría cualquier Bob Dylan. La libertad siempre fue un precio muy alto para los seres con más sensibilidad. Y esa dolorosa travesía por la incomprensión y el castigo Rosales la halló en El vestido azul, de Michèle Desbordes basada en la historia real de Camile Claudel. Ahora aquí hecha carne danzante por pura magia y justicia del destino.

Ficha artística
Coreografía y dirección: Nieves Rosales
Música: Daniel Blacksmith
Intérprete: Nieves Rosales
Diseño de iluminación: Fran Burgos
Sonido: Daniel Blacksmith
Vestuario: Carmen Trujillo
Fotografía: Paco Urri
Producción: SilencioDanza

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