03 Nov Fred Hersch planta su alegato sincero por el silencio y la escucha
Foto: Daniel Pérez/ Teatro Cervantes.
En estos días en los que ruge la marabunta y es imposible alegar razón, compromiso y moderación dentro de la gravedad de los hechos, la música del pianista jazzero Fred Hersch vino al Teatro Cervantes de Málaga a recordarnos la importancia del silencio y de la escucha sobre el griterío y el esputo. El de Cincinnati plantó una hora y tres cuartos de derroche de facultades y viaje por fragmentos reconocibles y desconocidos que nos dejó sobrecogidos por la hermosura del arte regalado. Un jazzman de otro tiempo.
No muy lejos del primer teatro de la Ciudad de los Turistas un letrero cuelga inadvertido en la pared de una vieja peña flamenca; «saber escuchar es un arte», mientras todo lo que fluye alrededor es ruido. Silent/listening. Un tipo menudo y con flema, con timidez desbordante, acaricia un piano mientras los humanos allí presentes tratan de entender su mensaje, que por sofisticado deducen que es bueno para sus abotargadas conciencias burguesas. Pero no tratan de emocionarse.
Y en mi interior pienso que menuda pena si seguimos sin entender que el arte nos salva y que la música nos acerca a los dioses o a la parte más amorosa que hay en nosotros. Creo deducir del ensimismamiento de Hersch que estira su cuello y pone la cara en éxtasis que él al menos está saboreando el camino que le indica una eterna variación sobre melodías y fraseos que tan pronto indican a Thelonious Monk como a Antonio Carlos Jobim. Buscar y buscar hasta alcanzar la verdad, la belleza. Aunque se vayan cinco o seis personas en los primeros minutos porque no entienden tu libertad de deconstruirlo todo.
Es el sino de nuestros tiempos, no entender nada y tener el gran conocimiento al alcance de un click. Menuda paradoja. Un tipo como el virtuoso Hersh con 16 nominaciones a los Grammy y más de treinta años de carrera es todo un alegato a favor de la elegancia y la mesura, de la caricia ante el arrebato. Él que ha estado dos veces en el coma, con SIDA en los ochenta y saliendo de un armario de incomprensión para decir con su música que la vida debe prevalecer.
Y pese a todo el marco dijo más que el interior del cuadro. Un minuto de silencio por las inundaciones de Valencia que fueron el silencio sincero del que está compuesta la elegancia de Hersch. Después de la tempestad llegará algún día la calma.
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