Ariadna frente a Imperio Argentina

Calificación: *****

Fotos: www.teatrodelamaestranza.es

El riesgo en el arte es un ingrediente de difícil digestión pero a los paladares más exigentes les acaba colmando el gusto. Algo así ocurrió anoche en el Teatro de la Maestranza de Sevilla con la representación de Ariadne auf Naxos, una ópera que era muchas cosas a la vez y no un divertimento pasajero para nadie. La ovación final fue larga y cerrada, aunque mucha gente probablemente se fuera a casa dándole vueltas al coco sin saber muy bien qué había querido decir aquel batiburrillo de música excelsa junto a personajes travestidos de la más zafia españa cañí.

La obra tenía la intención de ser varias cosas a la vez; rendir un homenaje al 75 aniversario de Richard Strauss, presentar la vigencia de un argumento que se debatía entre la difícil convivencia del mundo operístico clásico y la música popular o de masas y al mismo tiempo servir de termómetro de cuánto tiene de barroco -escenario de las apariencias- nuestro Meta mundo actual. Entre otras reflexiones necesarias.

La evolución de la adaptación de la obra original de Strauss-Hofmannsthal dejó dudando a muchos de si por momentos el tono bufonesco de la cuadrilla de cómicos-flamencos no era excesivo para la patria chica de Belmonte y La Niña de los Peines. Pero es que la cosa no iba por ahí. El largo y bien editado libreto del teatro, con estética barroquizante de revista de perfumes, detalla claramante que el juego de espejos era muy poliédrico en el escenario, con un tono muy cercano al esperpento por momentos en la escena, chirriando ante el encopetado público con caras tan serias como la de la egabrense Pepa Millán de Vox, que debió repingar (de alegría o sorpresa) en el asiento cuando la primera escena era de la un actor paseando por la escenario un cuadro del Generalísimo y luego otro de Adolf Hitler.

Habría que contar que la parte teatral fue concebida en su día para algo más recogido y una orquesta de cámara por el poeta-dramaturgo -con mucho de atormentado Rilke-, Hugo Von Hofmannsthal como una mezcla del Gentilhombre de Molière y ahora con una adaptación del andorrano Joan Anton Rechi del famoso episodio del enamoramiento de Hitler de Imperio Argentina. Historia que quedó muy bien narrada en el cine en ‘La niña de mis ojos’ de Trueba y que aquí también es muy oportuna y toca de cerca, aunque lleve a la confusión mencionada y quizá le sobren algunos minutos a algunas escenas.

La intención comunicativa es la metaópera. Hablar de los procesos creativos de la misma mientras vemos una. La historia de inicio cuenta que un gran señor quiere representar en su casa, para darse el pisto de hombre de bien y mecenas artístico, una ópera inspirada en el mito de Ariadna y Baco (cuando la deja abandonada Teseo esta acaba en los brazos del dios) y a la vez darle cabida a una actuación cómico bufa de una compañía, que aquí Rechi introduce como la posible compañía del rodaje de Carmen de Triana con Pastora Imperio. La primitiva Zerbinetta será ahora la cantaora/ina que salió despavorida, en el mundo real, ante los hechos presenciados en la Noche de los cristales rotos.

La dificultad de fusionar el mundo clásico elevado y culto de la ópera, en clave grave y dramática, y el supuestamente chabacano, burdo y zafio de las compañías de variettés o de flamenco, más de tono cómico, hace que unos y otros choquen para dar pie a esa obra única, hasta que el amor surge entre el joven libretista de la primera y la tonadillera protagonista de la segunda, que por cierto fue de las voces más aplaudidas al final (Elena Sancho) junto con la de Ariadna (Lianna Haroutounian).

La obra fluctúa con habilidad desde la profundidad del alma de la catarsis de Ariadna a la gracia de Zerbinetta, aka Pastora Imperio en Carmen de la Triana, para mostrar cómo aquel mundo de lo clásico se enfrentó a finales del XIX a la irrupción masiva de lo popular en forma de películas y música, o de lo bufo, con mucha intención de propaganda y de extensión de clichés manidos para tratar de manipular a las masas. La mujer además figura como centro de la batalla, como hoy. El ascenso del nazismo que tanto afectó a Richard Strauss también dialoga en esta metaópera con la actualidad, donde nadie somos ajenos al crecimiento de simpatías similares y a la guerra del mundo analógico-virtual, en una suerte de parábola perfecta del choque de las dos mismas compañías en acción. Mundo viejo contra mundo nuevo y sus peligros. Nada nuevo Cara al sol.

  • Fecha: 14 de diciembre, 20:00h. (Quedan funciones el 16 y 18)
  • Duración: 150 min
  • Sala: Sala Principal.
  • Aforo: Casi lleno.

FICHA ARTÍSTICA

  • Dirección musical: Guillermo García Calvo
  • Dirección de escena: Joan Anton Rechi
  • Diseño de escenografía: Gabriel Insignares
  • Diseño de vestuario: Sandra Münchow
  • Diseño de iluminación: Alberto Rodríguez Vega
  • Dramaturgia: Pia-Rabea Vornholt
  • Producción del Teatro de la Maestranza originaria del Theater Regensburg
  • Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
  • El mayordomo: Michael Witte
  • El maestro de música: José Antonio López
  • El compositor: Cecelia Hall
  • El tenor / Bacchus: Gustavo López Manzitti
  • Un oficial: Juan Ramos
  • El maestro de baile: Vicenç Esteve Madrid
  • El peluquero: Andrés Merino
  • Un lacayo: Javier Povedano
  • Zerbinetta: Elena Sancho Pereg
  • La primadonna / Ariadne: Lianna Haroutounian
  • Arlequín: Carlos Daza
  • Scaramuccio: Emmanuel Faraldo
  • Truffaldin: Daniel Noyola
  • Brighella: Juan Antonio Sanabria
  • Najade: Sonia de Munck
  • Dryade: Anna-Doris Capitelli
  • Echo: Ruth Rosique

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