Tan clásica, tan moderna; Lela Soto

Calificación: ****

27.3.2025

Sala X. Casi lleno.

La casa de los Sordera está más viva que nunca. Anoche en Sevilla, la joven Lela Soto se encargó de confirmar lo que ya sabíamos, que hay cantaora para rato. Vicente, su padre, debe estar más ancho que nadie. Recuerdo que hace unos cuantos años tuve la suerte de escucharla en un recital atípico en un lugar atípico, en Málaga. Y la madurez en su voz y registros ha sido notable. La Sala X de la capital hispalense la recibió con un casi lleno de gente muy joven y de muchos compañeros y amigos (Arcángel o María Terremoto, entre ellos) para arroparla en una de sus noches más importantes en lo que lleva de tiempo como cantaora.

La cantaora madrileña, pero de hondas raíces jerezanas, puso de largo su disco El fuego que llevo dentro en un espacio que guarda las esencias de salas tan míticas como la sala Sol capitalina y que va camino de aglutinar todo lo que no puede sobreponerse a la posse clásica del flamenco de una manera muy acertada, con su público de pie aunque respetuoso. Algo que le viene bien a cierta impostura solemne al flamenco que debe sacudirse de una vez.

Lela comenzó con una intro toná-electrónica que no dejaba lugar a dudas: «Son cien caballos desbocaos que llevo dentro…» en alusión a su familia, a la que ha dedicado su primer trabajo. A los leves toques de caja de ritmos y samplers estuvo David Cordero, que no se notó demasiado. Es curioso como la nueva ola del flamenco se ha decidido en masa a grabar con estos aparatos, que pueden ofrecer muchos efectos y sobre todo convertir en muy danzables algunos temas pero que Lela Soto solo uso para generar gravedad en momentos determinados. Solo como acompañamiento sin demasiado protagonismo. La noche no fue hacia una rave, ni mucho menos.

En la mayor parte de la noche se haría acompañar de un guitarrista que cumplió de manera muy efectiva como secundario; Rubén Martínez. Ese tipo de tocaores que comprenden rápidamente que no les corresponde el protagonismo y que en citas como la de anoche hacen su labor a la perfección. Pasó Lela a hacer la malagueña del Mellizo en homenaje a Manuel Sordera. Que hizo de forma sobresaliente.

Para inocularle algo de ritmo a la noche, se comenzó a internar en unos tientos (Andando por tu cuerpo) que siguió aliñando con efectos electrónicos. Por entonces ya iba la cantaora sintiéndose menos nerviosa y menos pendiente del ruido del público, al que en un momento determinado invitó a tomarse un lingotazo. Era juernes para algunos…

Quizá lo más bello y redondo de la noche llegó por soleá por bulerías y ahí entró en combustión con su público y en comunión con el corazoncito de su casa y su tierra espiritual. Con dos palmeras de plena confianza, Juana y Reyes, que como ella dijo «son modelos del Zara»(por lo guapas), supieron llevarla entre algodones y como a lomos de un buen caballo cartujano. Por tangos se ató la noche con De tanto rezarle al santo.

Poco después y ya en territorio de compás entraría en escena, Diego del Morao, que sin desearlo le robó protagonismo por los muchos oles, chiflidos y jaleos que le regalaron desde el público. Más que merecidos. Ahí acertaría con la reminiscencia de su lado más nocturno y divertido (Qué buena gente es su padre, no dejaba de repetirme). Como me alegro de este éxito. Terminó de ganar al público cantando una letra regalada por su tío Sorderita, ‘Inaccesible’, que brilló porque todos sabemos del genio que la escribe. Quizá Lela, con un eco que recuerda tanto a La Pastori, no debería nunca abandonar esa vertiente extramuros de Los Sordera, inquietos creativos a los que nunca la pureza les ha vuelto locos y sí la libertad.

No dijo un ay fuera de lugar en la seguiriya posterior dedicada a su tía Luisa la Pompi, con lo difícil que era agarrarse bien a la silla en este cante tan severo en un lugar tan inusual para lo mismo. Pero lo hizo y no desentonó. Todo lo contrario.

Para desembarazarse ya de la noche por completo, cantó de memoria por bulerías, con las dos guitarras convocadas y sus primas, y nos mandó a la cama con un beso con un tema de otro de sus tíos, Ray Heredia. Nada más y nada menos. Su pelo. Ahí quedó la cosa. Los Sordera mantienen su eco. Ha nacido una heredera. Tan clásica y tan moderna.

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