27 Ago Chicuelo y La Tana transforman el Palau en un tablao
VALORACIÓN: **** (sobre cinco)
Pudiera sonar a demerito pero es todo lo contrario. El Liceu lleva tiempo concediéndole al flamenco el lugar que merece -ambos patrimonios de la UNESCO– en el templo de la música y del modernismo arquitectónico. No es menos un tablao que el Liceu si lo que se cuece sobre el escenario tiene las mimbres del bell canto andaluz y anoche Chicuelo y La Tana se encargaron de corroborar su idoneidad en un espectáculo que le falta algo de más sofisticación coreográfica pero rezuma excelencia en la guitarra, acompañamiento musical y cante.
El público casi llenaba la platea y demás graderíos, con mayoría por goleada de turistas extranjeros, los cuales siempre estuvieron fieles a esta música mientras en su propia tierra –Andalucía, alrededores, Madrid y Cataluña– hay que ver el trabajo que cuesta programar en teatros su manifestación lírica más internacional. Bien por Barcelona que tiene menos complejos que otros territorios jondos más señalados.
Pues bien, aunque la puesta en escena y las luces quizá pudieran ganar algo más de originalidad, lo que se pudo disfrutar colma los apetitos del aficionao más versado en los oles y los jipíos. Chicuelo lleva tiempo echándose al hombro el peso de esta Gran Gala Flamenco sobre sí mismo y anoche no fue menos. Él y la poderosísima y pellizcadora voz de la Tana sobresalieron sobre el resto.
Todo circuló sobre un espectro musical muy rítmico comenzando por bulerías en un paso a tres, aunque algo falto de tensión en el baile. Luego vino una composición muy bella de Chicuelo por rumbas, y pareció que Colón en Las Ramblas señalaba con el brazo el Caribe por donde vino esa ida y vuelta africanoespañola.
Entró el espectáculo en un espacio de abandolaos por donde la malagueña se apuntaba y salpicaba el mediterráneo común y los verdiales con olor a vino dulzón en pleno barrio gótico. Por momentos se asomó la cosa a una cueva del Sacromonte por tangos y por el otro tango gaucho comenzó una intro instrumental que saltó el charco. A mí me recordó alguna de las melodías preciosas de Al cantar a Manuel de Mayte Martín. O quizás era ese violín tan elegante el que traía aquellos versos del poeta victoriano. Qué cerca estaba el mar de Alborán.
La segunda guitarra y la percusión seguían a pies juntillas al maestro y las dos voces femeninas le pusieron un colorido extraordinario a todo el repaso completo al cancionero jondo, donde las letras eran muy reconocibles. Quizá lo mejor de la noche fuera lo menos flamenco, valga la paradoja y si esto puede ser con una flamenca como La Tana. La preciosa voz que descubriera para el universo Paco de Lucía hizo un ‘Volver’ de Gardel que no desmejoró al genio platense. Ojalá volviese discográficamente de verdad La Tana, pensé. Porque veinte años no son nada.
Siguió la fiesta con un arreón final que ya tuvo a los bailaores más metidos en faena y menos nerviosos. Llegó el taranto y Levante trajo sus tragedias mineras para asomarnos a Los Tarantos de Rovira Veleta cuando sonó la Farruca. Estaba Gades en nuestras cabezas.
Por soleá apolá-bulerías y aires rondeños El Tete, como bailaor, ya se mostró más confiado y vibrante y todo subió a los cielos con la advocación musical por alegrías de Cai, la madre del cordero que diría Pericón. Todos juntos. Así ya con el público en el bolsillo se fue la cosa encaminando hacia el final y todo quedó muy bien hilado como solo puede hacerlo un maestro de las seis cuerdas como Chicuelo.
Por sevillanas en la propina se escuchó al respetable no muy mal entonado por palmas, despidiendo al cuadro, y uno de los árboles modernistas, en piedra, del proscenio, se hinchaba de orgullo como representante de la música popular, que no es más ni menos que la culta, otra pica en Flandes estaba plantaba. La noche era la de un tablao por fiesta en pleno Palau.
Más información del programa en https://www.grangalaflamenco.com/cast-programa/
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