50 años ya son algo: Pepe el de la Matrona frente a Ortiz (de)Nuevo

Dice el tango que «veinte años no son nada» pero más del doble deben ser algo. Resulta especialmente atípico que 50 años después de la publicación de un libro una editorial decida reeditarlo. El romanticismo suele darse pero ya sabemos que el realismo como movimiento estético literario se impuso poco después. Y por tanto debemos deducir que si Athenaica ha decidido reimpresionar las páginas de este clásico del flamenco literario será porque entiende que sigue vivo el posible -aunque tampoco desproporcionado- éxito comercial del mismo, así como un reconocimiento de alto valor cultural a dos nombres; al ‘memorizado’ cantaor José Núñez Meléndez aka Pepe de la Matrona (1887-1990) y al siempre hiperactivo y carismático, José Luis Ortiz Nuevo, quizá el aficionao que mejor haya sabido reflejar un tiempo flamenco en todas sus facetas: la de escritor, poeta, periodista, cómico o gestor cultural. (Y reciente Premio Nacional de Flamenco por la Cátedra de Flamencología de Jerez, por ejemplo, para los que gustan de certificados de garantía).

La anécdota personal de la que parto en esto es que a 24 horas de que se presente en La Carbonería de Sevilla, el libro descansa en la mesita de noche de la cama donde duermo con mi compañera junto con ‘El maestro Juan Martínez que estuvo allí’ de Chaves Nogales que se lee ella. Coincidencias de la vida, los dos libros son producto de dos periodistas atravesados por su tiempo, descubrimientos de una manera de narrar y de mirar que parece extinta.

No se trata aquí de descubrirlos pero sí de señalar algunas cuestiones que palpitan debajo de las líneas de esta historia de un cantaor libérrimo, que se las apañó solito con el instrumento de su voz en todas las épocas y contextos, igual que aquel bailaor Juan Martínez, atravesando tiempos turbulentos. Y quisiera señalar que aunque las ocurrencias, tipos, anécdotas y borracheras son monumentales, suficientes para correr a comprar este libro, lo que me parece que pervivirá al paso del tiempo es la genialidad de darle nuevos hijos al invento de El Lazarillo de Tormes. Esa forma descarnada de contar lo real es lo que de alguna forma también conquistó al gran dramaturgo Miguel Romero Esteo -nuestro casi Premio Nobel malaguita- en una crítica a este mismo libro, publicada en el Suplemento de Artes y Letras, el uno de junio de 1976, y que contiene este libro como material adicional ahora. Como solo una de las joyas que guarda el apéndice a modo de dossier de prensa.

Y es que lo que Ortiz Nuevo -como antes lo hizo Chaves Nogales llevándolo también a su Belmonte- consigue con estos Recuerdos de un cantaor sevillano es alejarse de la impostura, la pompa y el academicismo que tanto ensancha a algunos flamencólogos en sus ensayos y agarrar la historia en primera persona para enarbolar eso que dio en llamar Unamuno como la ‘intrahistoria’. Así con un personaje ‘corriente’ que encarna la picaresca española, una voz que no miente, que enarbola la bandera de la libertad pese a todo, el de la Matrona nos enseña cómo bebernos la vida sin pegarnos la chapa de lo que debemos pensar o no hacer. Y de paso asomarnos a un tiempo bombardeado de grandes acontecimientos, dictaduras, guerras, revoluciones, viajes ultramarinos, a México, Nueva York, París o La Habana, desde un hombre que solo tiene su trabajo para soportar tanto cambio.

Ortiz Nuevo nos presentó y presenta en este volumen un hallazgo histórico, una forma de acercarse al fenómeno flamenco, desde la antropología, el humanismo, de reflejar la capacidad de superación y la gracia ante unos hechos que en muchos pasajes podían ser un lamento pero no lo son. Ha contado el autor que el libro le sirvió de terapia tras su paso efímero por prisión en los estertores del Franquismo. A nosotros nos puede servir de lo mismo.

Y así debemos agarrarlo, como el testimonio de un hombre que encontró en el flamenco una forma de buscárselas y que nunca decayó, como tampoco lo hace su biógrafo. Este libro junto con ‘Las mil y una historias de Pericón de Cádiz’, del mismo 75, inauguran un género picaresco flamenco que también puede llamarse realismo mágico andaluz y que desgraciadamente no tuvo muchas réplicas en otros investigadores. Abrió un camino nuevo para que no sólo lo estrictamente musical tuviera análisis en el flamenco sino también en la expansión del individuo y sus circunstancias que diría Ortega y Gasset. Que en todos estos años, por cierto, fue terrible.

Pero lo mismo hay quien también sacia su sed de flamenco conociendo cómo funcionaban de verdad esos cafés cantantes de Sevilla o esos tablaos de Madrid a la vera de los aristócratas, reales o no, cómo eran las giras, las grabaciones de Hispavox en París o cómo veía el cante, el baile y la guitarra este fenómeno trianero. El libro no es solo un catálogo de muestras de supervivencia sino que nos proyecta al de La Matrona como el eslabón necesario de relevo de un tiempo pretérito como el de los cantaores Silverio o los Juan Breva y Chacón y la de los Peines, que luego advocación de los de la Peña Chaplin con Morente o la de Linares, y que nos deja a las puertas de este nuevo tiempo donde la transmisión oral nocturna de los secretos de este arte casi ha desaparecido.

Por eso pienso que este libro además de ser un reflejo de una auténtica y bohemia forma de vida de autor y biografiado, que sus buenas madrugadas de confesiones pasarían en Madrid, es un hallazgo literario de primer orden, repito, porque es difícil que este tipo de memorias tengan continuidad en una sociedad demasiado expuesta en redes sociales y donde la confesión íntima está en retroceso.

Así os animo a que os hagáis con este completísimo artefacto que habla de un tiempo que parece ya muy lejano, pero no lo es tanto, ni tan diferente. De un personaje entrañable que nos contó la historia de su tiempo -llegó a ser casi nonagenario- como ya será difícil que nos cuenten la del nuestro, repleto de ruido y furia igual que aquel.

Leamos en paz para que así lo recordemos dentro de otros cincuenta años.

1Comentario
  • Tyler Barbour
    Publicado en 11:23h, 26 septiembre Responder

    Magnifico

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