Shakespeare sueña un verano creíble en la corte sevillana de Cervantes

CALIFICACIÓN: ***** Foto: Guillermo Mendo. Texto: Francis Mármol.

Función: 13/2/2026 Aforo: Tres cuartas partes de entrada.

Resultaba difícil imaginarse los enredos sentimentales y sexuales que puede dar lugar una noche de San Juan después del tren (palabra maldita) de borrascas que ha asolado Andalucía estos días. Pero también es cierto que en medio de tanta calamidad a nadie le amarga una sonrisa provocada por una ópera, en clave comedia, que no traiciona la parafernalia fantástica que imaginó William Shakespeare en un lugar cómodo y mullidito como el Teatro de la Maestranza de Sevilla. El regalo fue El sueño de una noche de verano.

Pues bien, tendríamos que decir de inicio que la factura resulta muy plausible, recibió una larga ovación, si bien quizá la temporización de la primera parte pudiera haberse recortado para también aligerar la segunda, con menos fuste en la intriga pues ya están deshechos los enredos. Yendo esto por delante, la Ópera de Lille y el director de escena Laurent Pelly bordan esta obra repensada por Benjamin Britten, pero en la que se respetan al 100% los textos originales del bardo de Stratford y se proyectan muy bien las piruetas, juegos de luces y efectos especiales que la convierten en una fastuosa obra propia de Broadway.

Sin ser las voces expuestas las más rutilantes que hayan pasado por esta orilla del Guadalquivir en los últimos tiempos, los movimientos de escena y la sensación de fantasía lewiscarroliana o peterpanesca son muy conseguidos y Corrado Rovaris y la Escolanía de los Palacios tuvieron mucho que ver con esa sensación de posibilidad de encantamiento a través de la música.

Como la trama diseñada por Shakespeare mucho tiene que ver con Plauto o Terencio era menester acordarse de su otro gran epítome latino llamado Don Miguel de Cervantes, que tantas horas pasó bajo el encantamiento del presidio hispalense imaginando Novelas ejemplares donde se dan estos equívocos. Y las parejas se travisten y se intercambian como en la famosa canción reguetonera de «felices los cuatro», (nada nuevo bajo el sol).

Propio del barroco es que los humanos seamos personajes empujados a escena, como decía William y es propio que en el gran espejo en el que el público se acaba mirando en el final de la obra nos reflejemos todos en una noche de verano, incluso el presidente del Betis, presente en el patio de butacas, si sueña con un delantero parecido a Lookman para su equipo en la próxima canícula.

Iba más, como pueden imaginarse, de líos de alcoba la cosa. El amor fugaz como sustancia, el bosque como escenario, el verano como tiempo en el que se da la confusión y se trastocan parejas y las hadas y duendes del mismo hacen de las suyas como juguetones guionistas del cambio de roles. Final feliz con boda de fondo. Lo que se queda en Las Vegas, digo en el bosque…

Y otra trama paralela, se desinfló un poco, en forma de entremés final de una compañía de cómicos que va a representar su juguetillo en la boda, la loca historia de Píramo y Tisbe, semilla de Romeo y Julieta, de antes La Celestina. Como para decir al público de aquel tiempo: el amor (o el sexo) nos vuelve locos pero no hay que estar tan loco como para morir de amor o hay que aparentar que no nos volveríamos tan locos como para ello. Y así es, somos actores, repitió William.

Y resulta enternecedor, a la vez que triste, que en la tierra de Cervantes (podría considerarse Hijo adoptivo de los contornos) las óperas sean más shakesperianas, con ese dinámico trajín, que lo que el Manco nos propuso en La ilustre fregona o Los trabajos de Pérsiles y Segismunda, un mundo bastante parecido para hacerse carne de escenario gracias también a las fuentes grecolatinas comunes de ambos genios.

En la interpretación, vocal y actoral, habría que darle un mérito extra a los principales del reparto, el pequeño Gluck (Charlotte Dumartheray) se hizo inmenso y Titania (Rocío Pérez) y Oberón (Xavier Xabata) no le fueron a la zaga.

  • Dirección musical: Corrado Rovaris
  • Dirección de escena: Laurent Pelly
  • Diseño de escenografía: Laurent Pelly / Massimo Troncanetti
  • Diseño de vestuario: Laurent Pelly / Jean-Jacques Delmotte
  • Diseño de iluminación: Michel Le Borgne

Producción de la Opéra de Lille

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

Escolanía de Los Palacios (dirección, Enrique Cabello y Aurora Galán)

  • Oberon: Xavier Sabata
  • Tytania: Rocío Pérez
  • Lysander: David Portillo
  • Hermia: Heather Lowe
  • Demetrius: Joan Martín-Royo
  • Helena: Aoife Miskelly
  • Puck: Charlotte Dumartheray
  • Bottom: David Ireland
  • Flute: Juan Sancho
  • Quince: Daniel Noyola
  • Snug: Thibault de Damas
  • Snout: Alexander Sprague
  • Starveling: Benjamin Bevan
  • Theseus: Tomislav Lavoie
  • Hippolyta: Siân Griffiths

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