El beatus ille de Élisée Reclus: ‘Historia de una montaña’

Calificación: *****

Páginas 218.

Editorial Errata Naturae

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Las primeras veces que el ser humano quiso aprehender lo ocurrido debió de usar la corteza de un árbol para dejar señales de su paso o conocimiento. La celulosa es la materia prima de los libros y de alguna forma nos recuerda que somos bosques de palabras en movimiento porque todo lo que valemos lo debemos a ese sustrato. No es cosa de haber leído ‘El infinito en un junco’ sino la sensación de que hemos olvidado cuánto de la naturaleza vive en nosotros.

Si nos da por pensar en el sentido holístico de nuestra existencia quizá tengamos en la editorial Errata Naturae algún libro que nos entregue la ética que perdimos en forma de páginas escritas con sostenibilidad, responsabilidad y compromiso y en recientes alumbramientos como ‘Historia de una montaña’ de Élisée Reclus como faro al que agarrarnos.

En una edición deliciosamente diseñada y que casi huele a árbol nos encontramos con la mejor disección posible a la anatomía de estas elevaciones de la orografía. Puestos a ser sinceros, la cuestión no es solo la descripción detallada de las mil y una características del escenario sino su abordaje más allá de lo científico para horadar en nosotros la vieja sensación de que hemos perdido los sonidos, los olores, la simbología y la mística de estos accidentes geográficos.

Si tengo que explicar por qué me ha fascinado este libro tendría que empezar por descubrir que la voz que hay detrás de él fue la de un soñador, quizá desencantado del mundo de los hombres, y que vivió su anarquismo en esta especie de paraíso propio cerca de los grandes picos de algunos de los sistemas montañosos más imponentes del viejo continente.

Partiendo de esa premisa, se comprende ese amor por un espacio que no miente, no engaña, pero que es rudo y no perdona a quien osa violar sus leyes sin respeto, así es la montaña y así nos la cuenta Reclus. A lo largo de 22 capítulos que se leen de forma muy fácil y con ansia por terminarlos, e ilustrados con mucho mimo por Clement Vuillier, se cruzan todas las miradas posibles sobre este entorno; desde la del geógrafo que fue, al animalista, el montañero, el visionario de cabras, el desmitificador de leyendas o el geólogo. Siempre con sustanciosas cavilaciones, con aportaciones de valor para el ajeno sus interioridades.

Uno puede comprender por qué Julio Verne se inspiró en él para tener la base científica de sus libros y puede hacer un ‘Viaje al cielo de la tierra’ inverso a lomos de una escritura que desborda cariño y rigurosidad en las descripciones. Un auténtico lujo para amantes de la naturaleza que tengan pensado buscar su beatus ille como así lo encontró el autor de esta historia.

Autor del texto: Francis Mármol.

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