La mejor casita es la de Tomás de Perrate

Valoración: *****

El perreo se inventó en Utrera. Así lo ha afirmado categóricamente divertido Tomás de Perrate en alguna que otra entrevista y así me lo creo yo y lo pregono más si tengo en mente el soniquete de Bambino. Lo negro y lo gitano junto es un invento de ida y vuelta ya antiguo que sigue estando vivo en su flamenquísima voz, de rancio abolengo -para casita la suya- y un leco de ujjayi pranayama que ni Benito, el empacador de supermercado que llena Bernabeus y que no tiene opciones de igualarle en humildad laboral a este peluquero de señoras, que puede cambiarte la raya del pelo de tanto asentir a su hipnótico mantra ancestral.

Anoche la cosa fue en la Sala X de Sevilla, donde el flamenco se sigue arremolinando como una apuesta fresca, atrevida y que no quiere anquilosarse en las sillas de tijera de las bienales. Tomás de Perrate vino a traer su danzón negroide en forma de tango, pero de tango argentino pasando por la campiña del Guadalquivir. Sus Tres golpes sobre el piano. Los muy sorprendidos asistimos a un concierto que bien pudiera haber sido en un galpón de La Chacarita bonaerense pues la razón se llamaba Sistema Tango y no era más que la afirmación de que esta música y el flamenco son primos hermanos en el tiempo romántico de nacimiento de finales del XIX, en su urbanidad de extrarradios y en sus historias de seres desplazados, incomprendidos, asolados…

Sistema Tango, que reposa en las ideas artísticas siempre brillantes de Pedro G Romero, vio en Piazolla y Goyeneche dos campos en los que poner ayes y requiebros. Lo cual es todo un acierto y una joya que disfrutamos no tantos como para llenar la sala pero sí muy buenos. Con mucho artista jornalero del escenario que no tenía ninguna necesidad de lucirse en una casita exhibicionista sino en asistir a la sala de estar de un maestro de ceremonias por el que probablemente pase hoy día el legado más vanguardista del cante. La propuesta sumaba dos sobresalientes instrumentistas; Juan Jimenez a los vientos y Daniel Morente al piano. Geniales ambos todo el rato. En el baile parecía una danzarina de movimientos gráciles y sutiles, y no por ello menos flamencos, Rosario Toledo. Que a mí me recuerda poderosamente la maestría de Cristina Hoyos. Qué bien le encajaba todo.

El recital fue enjaretando temas inmortales del tango como Balada para un loco o Libertango de Piazzola y Goyeneche para sumar dedicatorias como El tango de la muerte o Plegaria de Eduardo Bianco que fue recuerdo penoso de los estragos del nazismo sobre los judíos y que Tomás de Perrate quiso dedicar a otros sembradores de muerte actuales como Netanyahu.

En resumen lo vivido tomó de nuevo tintes de épica noche por la Macarena pues también por momentos el tango austral se hizo tango caribeño malagueño por los sones en reminiscencias del Piyayo y de paso de la ribera más cantarina de estos lares; Triana, el lugar donde vivieron muchos negros y esclavos en el XV y XVI. Y la ligera brisa que abrochó la salida de los espectadores nos fue recordando que quizá no debí tomar más fotos de cuando tuve a Tomás porque sencillamente lo inefable es inaprensible a un foco, y permanece como un fogonazo de gozo en la memoria sonora que todos llevamos dentro. Gracias Tomás por tu casita.

FOTO: Victoria de Lara.

Texto: Francis Mármol.

5.6.2026. 21 HORAS. Sala X de Sevilla. Ciclo Flamenco Synx.

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