10 Ago Cuentos de Unamuno para conocerse mejor
El autor vizcaíno del 98 regresa para mostrarnos en pequeñas pastillas narrativas su profunda visión del cambio de siglo. Los temas que lo convirtieron en el más sabio filósofo de su generación literaria asoman por ellos en una edición deliciosa de bolsillo de Austral.
Crítica de libro realizada para La Opinión de Málaga
Calificación: ***
La frescura incisiva de Unamuno parece concebida para el tiempo presente en el que el ruido no deja que escuchemos a los pájaros. Sus cuentos son recetas para aquellos que necesitan saber de la existencia de Dios o de la nada, aquellos que miran la vida con gafas de pasta y requieren una explicación sobre el qué somos, de dónde venimos o hacia dónde vamos. Es más, Unamuno sería capaz de ser válido hoy en serie de Netflix pues en sus cuentos, que ahora recoge Austral en una selección exquisita, incluso aborda el tema de España y su división atávica, entonces de carlistas e isabelinos. Así como el dilema progreso o tradición que sacudía su final de siglo y que quizá exista eternamente en la vida de los humanos.
No es solo la manera en la que aborda, con unos personajes algo estereotipados, cuestiones trascendentales sino el manejo del idioma y las claves de la narración las que convierten este breve abrevadero, ideal para el verano, en un vademécum de disquisiciones, que como tales, quedan por resolver para uno mismo. Unamuno tiene la facultad de contar desde el personaje irrelevante para la historia con mayúsculas los entresijos del alma humana y en ello haya cierto tono cervantino. Pues subyace en su escribir a la llana cierta necesidad de idealismo.
Siendo esto, también es moderno y se acerca a la Europa que vendría con el existencialismo de los Sartre y Camus como un predecesor que anuncia la crisis de valores que va a estallar en la mitad del siglo siguiente. Su nostalgia es casi genética, corre como un río de no creencia en la raza y tristeza por el paraíso perdido, que contagia a otros cuentos. Lucha dentro de su ser.
Ese existencialismo aparece en cuentos como ‘Ver con los ojos’, que abre la selección, y que viene a contarnos cómo se puede salir del pozo de la depresión con una receta no por previsible menos emocionante; el amor a otra persona. También asoma el viejo adorador de lo vasco en Solitaña, que rescata palabras del terruño como leyendas cosidas a la historia de esa tierra que le vio nacer y crecer, de la que sabía tanto como para doctorarse hablando de ella.
Unamuno y el problema de Dios vienen a ser una misma cosa. Y en el cuento ‘Juan Manso’ trata de ejemplificar cómicamente la mala interpretación del concepto de mansedumbre cristiana. Unamuno se decanta por la acción y el compromiso desde lo manso para ganar el paraíso. Como ya le explicaría mucho tiempo después a los salmantinos en su legendaria contestación al «viva la muerte».
También aparecen más rasgos de su espíritu combativo y hasta romántico en su lucha contra la sociedad o la corriente imperante. Ya saben que pasó de ser desterrado por Primo de Rivera a baluarte de la República, a no condenar el golpe militar, a después mostrarse contrario a sus consecuencias… En ‘El sermón de Frasquín’ hay mucho de autobiográfico. Un escritor que en una reunión con otros compañeros de pluma, en tertulia, toma la palabra y en su diatriba se va quedando solo en un alegato por la sinceridad, por no traicionar a su propio pensamiento, que no le aguanta nadie.
Tiene tintes más poéticos en ‘El abejorro’ o ‘Una visita al viejo poeta’, donde la vejez, el dolor que forja el alma o la fragilidad de la vida se mezclan para conmover. Son todos ellos cuentos que se leen de una tacada y que podrían ser muy válidos para el análisis de un tiempo finisecular como el paso del XIX al XX en adolescentes. De ese tono elevado pasamos al trasunto de la picaresca española sin transición en otros relatos como ‘Un caso de longevidad’, donde el paradigma pasa por ser el de vivir sin dar ni golpe y en el que sin quererlo quizá entronca con los tipos galdosianos de tantas y tantas de sus novelas más arquetípicas.
Quizá uno de los cuentos más interesantes pase por ser ‘Mecanópolis’, un relato distópico que nos presenta un mundo donde las máquinas han sustituido a los hombres y que con una vigencia total podría estar hablando de nuestro tiempo, en el que la IA reconfigurará nuestro planeta. Una suerte de Blade Runner a lo castizo, o de unos ‘Tiempos modernos’ de Chaplin, antes de Chaplin. Un visión que entronca con algo que caracteriza su narrativa, la visión panorámica de su tiempo y sus peligros.
Además de esto, Unamuno cuela algún ejercicio de metaliteratura como en ‘Y va de cuento’ o ‘Robleda el actor’ en los que juega con los narradores para hablar del propio ejercicio de contar. Una invención suya que luego tuvo muchos émulos y copias. En el segundo, por ejemplo, hace recordar a Shakespeare y su famosa sentencia del barroco; «el mundo como escenario en el que somos lanzados al drama», en un personaje que teme más la vida que el escenario.
Decir, por último, que los cuentos de Miguel de Unamuno se ofrecen en esta edición de minibolsillo para el consumo propio de los tiempos que corren (no suma como bulto de equipaje en vuelos de bajo coste), y se oculta gracioso como un polizonte entre el ‘scroleo’ en Instagram, la tablet del niño y los auriculares para el Spotify en el capacho para playa o piscina. Pese a su minúscula existencia de tapa blanda y apenas 170 páginas, el viejo profesor de barba blanca y anteojos redondos asoma en la portada para decirnos al oído que poco de lo que estamos cavilando es nuevo bajo el sol.
Cuentos
Autor: Miguel de Unamuno
Editorial: Austral
176 páginas. 09,95 euros
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